El programa político de las Vanguardias y sus formas de intervención

Posted on marzo 2, 2012 por

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En este último post intentaremos resumir de una forma sintética el programa político que proponían las tres vanguardias a las que nos hemos acercado y las formas de intervención en la sociedad que utilizaron para su difusión.

Croce resumió así el programa político del futurismo: “un movimiento sin miedo a las conmociones y las avalanchas de gente, ansioso por lo nuevo y listo para romper cualquier tradición exaltando la juventud”. Se puede añadir su pasión por la máquina, la ciudad, los procesos industriales, el dinamismo y la velocidad. Este programa se haya resumido en el manifiesto inaugural de 1909, y sus proclamas siguen vivas hasta hoy día, renovadas tras los avances tecnológicos de la era digital.
Las “serate” (veladas) futuristas apostaban por tener un contacto directo y próximo con el público, por provocarlo, por incluso insultarlo y estar dispuestos a recibir una paliza. Se trataba de provocar, de animar, de “excitar” (dentro de la retórica marinettiana) para llegar a algún sitio nuevo, diferente, extraño.

Una de las frases del Manifiesto de 1918 resumen muy bien el objetivo del dadaísmo: “yo destruyo los cajones del cerebro y de la organización social: desmoralizar por doquier y arrojar la mano del cielo al infierno”.

Este es el objetivo, destruirlo todo, valores, seguridades, autoridades y el arma es la negación radical vehiculada por la palabra “dada”. Desde esta “simplicidad activa” la gran tarea destructiva apunta a:

1. Socavamiento de la idea de existencia basada en una trascendencia.
2. Desconstrucción de la idea de arte como base de un posible entendimiento.
3. Desconstrucción de la idea de moral, la piedad es un sentimiento como la diarrea.
4. Desconstrucción de la lógica.

En definitiva, todo este trabajo negativo es una puesta por vivir (“Siempre es preferible la belleza de la locura a la mediocridad de la razón, así que ¡seamos por una vez nosotros mismos! ¡Arriesguémonos a vivir! Hausmman Huelsenbeck. Para los dadaístas alemanes especialmente el dadaísmo no está al servicio de la lucha política revolucionaria, es justamente al contrario. El comunismo se metamorfosea en instrumento dadaísta.

La acción pública se convierte en el centro de la actividad dadaísta, como decía Hausman: “Acción, acción, ya ha pasado el tiempo de editar versos, esta vanidad individual”.

En la Internacional Situacionista se pueden distinguir dos etapas, una primera en la cual se desplazan de la crítica de la cultura a la Crítica de la vida cotidiana, que podemos resumir con la cita de la revista IS nº 9: ” Ahora es cuestión de realizar arte, de construir realmente y en todos estadios de la vida todo aquello que hasta ahora sólo podía ser memoria histórica, una ilusión, un sueño o el patrimonio de algunos. El arte sólo puede realizarse mediantes su supresión. Sin embargo, al contrario que la sociedad actual que reemplaza aquello que suprime con el automatismo o con un espectáculo aún más pasivo y jerárquico, nosotros sostenemos que el arte sólo puede ser suprimido mediante su realización”.

En la segunda fase se produce un desplazamiento de la crítica de la vida cotidiana a la crítica de la política, que podemos entender a través del texto “Definición Mínima de la Organización Revolucionaria” , publicado en 1966 y reeditado y distribuido durante el Mayo del 68 donde se apuesta claramente por los Consejos Obreros, manteniendo la descolonización de la Vida Cotidiana y la crítica de la economía política, la supresión de la mercancía y del trabajo asalariado y la autogestión generalizada.

Sus formas de intervención principales serán la interrupción de actos públicos relacionados con el ámbito artístico, como se hizo en uno de las primeros acciones de la IS contra la Asamblea Internacional de Críticos de Arte en Bruxelas en 1958. Las conferencias, proyecciones cinematográficas y la participación activa en los movimientos de protesta de finales de los 60. Si bien la forma principal de intervención será fundamentalmente escrita. Mediante las publicaciones, manifiestos y la revista.

Nos preguntábamos en la línea de investigación ¿Qué mínimo de institución es necesario para que el pensamiento pueda hacerse fuerza material? A pesar de todo lo que se ha escrito de Marx a Foucault, seguimos teniendo, en general, una actitud idealista respecto al poder de la palabra. Confiamos en su capacidad de iluminar y transformar por sí misma la realidad. Pero la palabra necesita de plataformas institucionales para funcionar. Las plataformas institucionales hegemónicas sabemos cuáles son: los medios de comunicación, la academia, el mundo editorial, las instituciones culturales… Tomar la palabra no puede consistir simplemente en circular y ser visible en ellas, aunque sea con un “mensaje” crítico o diferente. Es preciso instituir lugares de enunciación con la consistencia y la audacia suficientes como para ponerlas en crisis y transformarlas.

Quizás en este momento de poner en crisis a las instituciones ya se ha encargado la actual coyuntura económica, que mediante la reducción de las inversiones públicas hace que la pregunta sobre las instituciones culturales y su papel pase a un segundo nivel cuando lo que está en cuestión es su existencia misma.

Si atendemos a la posibilidad de su trasformación, nos encontramos con la misma incongruencia, ¿Cómo se puede transformar algo que agoniza por el recorte presupuestario?, La pregunta inicial debería ser por lo tanto más audaz, ¿Cómo hacer que el pensamiento se haga fuerza material sin ningún apoyo institucional? ¿Desde la más absoluta independencia y autonomía?

En cualquier caso para Espai en Blanc hacer del pensamiento fuerza material sigue pasando por la intervención y la toma de palabra. En ese sentido, tras esta investigación, y en un intento de abrir una pequeña grieta en ese impasse de lo político, nos hemos decidido a lanzar El Pressentiment.

El Pressentiment es el arma con la que Espai en Blanc quiere intervenir en el actual combate del pensamiento. En este combate se decide quién y cómo construye la realidad. Hoy la realidad se descompone y se hace imprevisible pero a la vez se rehace sobre y contra nosotros. Nadie sabe qué pasará. Los discursos políticos son intercambiables. Sólo los presentimientos tienen fuerza y permiten tomar una posición.

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