Debate #2 ¿Ha fracasado la crítica institucional?

Posted on noviembre 26, 2011 por

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Los procesos de crítica institucional no son siempre visibles. Si bien procesos como la crítica a la institución burguesa por parte del proletariado tomaban como una de sus principales armas visibilizar los conflictos de clase, muchas veces se toma posición crítica en escenarios que requieren o exigen invisibilidad. Pensemos, por ejemplo, en la puesta en cuestión de la institución familiar como proceso de crítica que ha articulado momentos de extrema visibilidad con momentos de enfrentamiento del todo invisibles. Cuando se habla de ‘prácticas micropolíticas’, muchas veces se apela a aquellos procesos que buscan actuar sobre esferas de ‘privacidad’ donde se producen y reproducen roles sociales y políticos.  Su carácter ‘micro’ las convierte, muchas veces, en prácticas invisibles. Podríamos pensar entonces que el carácter ‘público’ de ciertas instituciones empuja a su crítica a extremar su visibilidad  y que el carácter ‘privado’ de muchas otras, invita a su crítica a actuar en zonas invisibles. Pero ejercer la crítica institucional desde la invisibilidad o la visibilidad puede llegar a diseñarse como táctica. Normalizar lo anómalo a veces pasa por evitar grandes alardes pirotécnicos e ir construyendo heterogeneidad allí donde existe normatividad dejando a un lado los grandes enunciados públicos. Y hacer público lo privado puede ser en sí mismo una lucha por transformar las instituciones que nos atraviesan, una forma de hacer visible lo invisible y, con ello, politizarlo. Pero, sin entrar en excesiva profundidad sobre procesos invisibles, poco visibles o invisivilizados -no olvidemos quienes son obligados a no ser vistos-, se nos ocurren otro tipo de relaciones menos productivas entre invisibilidad y procesos de crítica institucional que levantan nuestros temores.

Si pensamos en los procesos de transformación que han padecido las instituciones formales en las últimas décadas, podríamos llegar a pensar que dichas instituciones han tenido la capacidad de mantener e incluso reforzar su arquitectura opaca y dejar casi intactos sus programas constituyentes originarios. ¿Ha sido invisible (en un sentido literal) la crítica institucional? ¿Ha pasado desapercibida? ¿Ha fracasado?

Tan solo un breve paseo por dos ámbitos para acabar de contextualizar el debate. En el campo artístico, podemos ver una renovación, una oxigenación de la propia institución artística a partir de los procesos de crítica. Tal y como señala Hito Steyerl en su texto ‘La institución de la crítica’ cuando describe los diferentes momentos por los que ha pasado la crítica institucional en el ámbito artístico:  “Si en la primera ola de la crítica institucional la crítica producía integración en la institución, la segunda sólo logró integrarse en la representación. Pero en la tercera fase la única integración que parece haberse logrado con facilidad es en la precariedad

Por otro lado, los envites que, por ejemplo, ha padecido la institución educativa, no han facilitado que ésta cambie su naturaleza jerárquica y su conceptualización como antesala de un supuesto mercado de trabajo. Una educación ‘funcional’ que reproduce el status quo y que asimila como naturales las injusticias que genera su propio sistema operativo. La educación no reglada, la pedagogía libertaria, los procesos autoformativos y, en definitiva, el conjunto de procesos que han buscado instituir otras formas de entender la educación, han tenido poco o ningún impacto en el aparato pedagógico. Podemos afirmar que los valores que sigue transmitiendo la institución educativa siguen fijados en crear sujetos represivos, dependientes, autoritarios y competitivos. Sin ir más lejos, hoy día se insisten en estos valores bajo la figura del ‘emprendedor’ (sujeto económico). Recientemente, el Govern de Catalunya ha aprobado una serie de medidas para fomentar el ‘espíritu emprendedor’ en la formación pública. Si como dijo Marx “las armas de la crítica deberían ser reemplazadas por la crítica de las armas”, nos ofusca pensar que las armas institucionales permanezcan intactas y con la recámara llena.

¿Podemos realmente pensar que los procesos de crítica institucional no han tenido ninguna incidencia en las instituciones formales?, ¿Su misión se basa en ‘tomar el poder’, en transformarlo ‘desde dentro’ o en construir otra forma de relación al margen o en paralelo al marco institucional? ¿Abolir instituciones, reformarlas o crear otras?

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